domingo, 2 de julio de 2017

Eso. Segundo acto: El abrazo

Nunca hasta ese momento me había preguntado por los límites de ciertas cosas que no son tales. Por ejemplo, los límites de mi alma, su contorno, sus bordes, su tacto, si será porosa… También sobre los límites de mis miedos, si serían difusos, discontinuos… si acabarían donde los de mi valor comienzan. Y qué decir de los límites de mis sueños ¿se concentrarían únicamente en mi cabeza? O, por el contrario, cubrirían por igual todo mi cuerpo; como un traje ceñido de neopreno… o, quién sabe, si más parecido a un viejo traje de costuras rotas por un cuerpo que continuó creciendo sin reparar demasiado en ellos.

Pensé largo rato sobre todo aquello y sólo tuve claro una cosa: Todos esos límites estaban cubiertos por aquel abrazo en la madrugada. Era un abrazo completo, de pies a cabeza. Era perfecto. En ese instante sentí que todo podía tener límites… todo salvo aquel abrazo. Luego sonreí. Quedé dormido.

Abrazo (II) - Egon Schiele (1917)

3 comentarios:

  1. Los abrazos que se dan con el corazón, no tienen límites...

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  2. Me tienes enganchada a tus relatos.
    Esperando el siguiente.

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